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RUTAS ALTO ARAGONESAS

Un paseo por Santa Eulalia de Betesa y la Virgen de Regatell

Ermita de Santa Eulalia de Betesa.
Ermita de Santa Eulalia de Betesa.
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Cuaderno de viaje



Julio ALVIRA BANZO

Hoy viajamos a Betesa, localidad situada en la Ribagorza aragonesa más nororiental. Llegamos tras tomar un desvío en la N-230, de Lérida al valle de Arán, al norte de Sopeira. Visitaremos las ermitas de Santa Eulalia y Rigatell, disfrutando de una soleada mañana de otoño en unos parajes muy atractivos y muy poco conocidos. La base del recorrido es el sendero PR-HU 245, en sus tramos de Betesa a las citadas ermitas, aunque añadiendo una recomendación aportada por una vecina de esta localidad.

Comenzamos el camino en Betesa, dejando el coche junto a la entrada del pueblo.

Un indicador nos dirige hacia un camino ascendente, utilizable sólo por vehículos todo terreno, así que es cuestión de comenzar a andar. En algún momento la pendiente es pronunciada, pero el paisaje y la posterior visita a la ermita de Santa Eulalia, compensan el esfuerzo. Dejamos a la derecha el camino directo a Regatell, señalado en un tramo en que el camino está cementado. Lo utilizaremos para el descenso.

Hemos ganado bastante altura y Betesa queda abajo, en medio de un paisaje espectacular, con los colores del otoño, la inmensidad del Pirineo y el impecable azul del cielo. Este territorio, en la Edad Media, pertenecía al valle de Bellasía, según explica Manuel Iglesias Costa, en el primer volumen de su obra "Arquitectura Románica" (1985). Bellasía estaba formaba por Obís, Betesa, Santa Eulalia, Els Molins, Pallerol, Santorens y Aulet.

Estamos en Santa Eulalia de Betesa, aldea de un par de casas, deshabitadas y en ruinas, pero que estaban vivas no hace mucho tiempo. José Cardús publicó en Heraldo de Aragón (4 abril 1965) que los vecinos de esta localidad bajaban a misa a Betesa, porque su iglesia estaba fuera de uso. Cardús no pudo entrar para ver su interior.

En Santa Eulalia se conserva una interesante iglesia, dedicada a esta santa y de origen románico. Es de una nave, con cabecera semicircular orientada al este. Iglesias Costa destaca la calidad del trabajo en los sillares que dan forma a esta iglesia, construida según este historiador en el siglo XIII. Ve afinidades entre este templo y otros como los de Ciscar, Montañana, Grustán o Capella, así como Alaón, de cuyo monasterio dependía. Sobre la portada, que recuerda a la del citado cenobio, luce un crismón.

Fue la primera ermita restaurada por la empresa Prames dentro de un programa que comenzó en los 90 para recuperar edificios de difícil acceso. Ahora, afortunadamente, es más sencillo llegar hasta aquí. La altura que hemos ganado en la primera parte de este paseo nos permite disfrutar un buen rato de un paisaje que, como siempre en otoño, es especialmente atractivo.

Volvemos al camino para tomar enseguida otro, a la izquierda en sentido descendente, que nos lleva a un repetidor, que dejamos a la derecha y seguimos. Enseguida se ve la ermita de la Virgen de Regatell. Junto al templo se encuentran las ruinas de un edificio que se utilizaba para guardar el alimento del ganado, según me ha comentado antes una vecina de Betesa, que me ha indicado cómo ir de Santa Eulalia a Regatell .

Es un ejemplo de románico popular, según explica Iglesias Costa, que responde a las fórmulas utilizadas en el silgo XI y se ven, también, en otros lugares como Tor, Sas o Pallerol y Alaón. Tiene la cubierta absidial protegido con una tela asfáltica, a falta de colocar una cubierta definitiva.

El ábside debe responder a alguna reforma, añade este historiador. En su interior, una postal enmarcada recuerda que aquí estaba una tabla actualmente en el Museo Nacional de Arte de Cataluña. Es una pintura al temple sobre madera que se conoce como el Frontal de la Virgen de la Leche, por estar María amamantando al Niño. La Anunciación, el Nacimiento, la Epifanía y el ángel anunciando a los pastores el nacimiento son las escenas que rodean la principal. Debió pintarse en el siglo XIII.

También desde aquí disfrutamos de unas vistas espectaculares, con la imagen constante del recio macizo rocoso conocido como Peña de San Salvador. Después de saborear un poco de lo que la Naturaleza nos ofrece en Regatell, volvemos. Tomamos el sendero PR-HU 245 de regreso a Betesa. El esfuerzo ha valido la pena.